domingo, 9 de junio de 2013

Los Cuadernos de Lengua y Literatura y la tradición por Mario Ortiz

Hace unos días tuve la posibilidad de ir leyendo diarios posteos de Mario Ortiz donde se refería a la publicación de sus "Cuadernos de Lengua y Literatura" y la relación que su escritura tenía con la tradición, o, mejor dicho, cuál era la tradición que él inventaba al escribir sus Cuadernos.  Así aparecieron pequeños textos que hablaron de la poesía y la música, la rítmica de Lope de Vega, la defensa de la literatura española medieval y la mezcla de prosa y verso. Al igual que la periodista que le realiza un reportaje para Página/12 me sorprendió esa maraña de influencias que apuntaba y me encantó leer sus argumentos. Me comuniqué con él para pedirle prestado estos textos y publicarlos en el blog de la librería. Con una amabilidad que me llenó de gratitud me dio ese permiso así que acá los publico. Es un gran gusto ver su mirada sobre la tradición literaria.


LA TRADICIÓN LITERARIA SEGÚN MARIO ORTIZ




LOS CUADERNOS DE L y L Y LA TRADICIÓN. (PARTE 1)

A raíz de la cantidad de entrevistas y comentarios que ha generado la publicación de los últimos cuadernos, quiero trazar algunas reflexiones que tienen una doble finalidad:
a) desbaratar la idea de que los cuadernos sean un texto original
b) ofrecer un par de cuestiones que me han servido mucho y que espero (es mi humilde pretensión) puedan servir a los demás.

La tradición literaria no es un mandato divino que deba ser respetado tal como un pastor evangélico lee a su Biblia. Hay una lectura filológica y paleográfica de los textos antiguos que está perfecta y que debe ser hecha: ella ilumina partes esenciales que definen nuestra comprensión. Pero AL MISMO TIEMPO hay una lectura, digamos, irreverente y utilitaria de esos textos: uno puede tomarlos y hacer un uso peculiar de ellos, acaso heterodoxo. Pound leyó y “escuchó” la musicalidad de los trovadores provenzales y de algunas canciones de la Inglaterra isabelina y determinó en “El ABC der la lectura” (1934) que la poesía decae cuando se separa de la música. No sé si esto es cierto, pero a él le sirvió para sus “Cantos”. Años más tarde, Allen Ginsberg leyó equellas mismas palabras y entendió que ese programa de unir poesía y música lo estaban cumpliendo las nuevas generaciones de poetas-músicos del rock: los Rolling, Bob Dylan, etc.
¿Qué quiere decir esto? Ya lo enunció T. S. Eliot en un ensayo de 1919 (Tradition and the individual talent): la tradición se proyecta desde el pasado hacia el presente, pero a su vez el presente resignifica ese pasado; o sea: leemos el pasado DESDE el presente. Es un proceso completamente dinámico y lo podemos denominar “apropiación” o, dicho en otros términos, “refuncionalización”: los textos del pasado y del presente ingresan a un mismo campo, y entablan nuevas funciones sobre la superficie del papel.



LOS CUADERNOS DE L y L Y LA TRADICIÓN. (PARTE 2)

La vez pasada le dije a Silvina Friera en el reportaje que me hizo en el página 12 que me había servido mucho Lope de Vega. Creo que se asombró un poco, pero las razones son bien simples. En el cuaderno IV hay explícitamente marcadas alternancias de ritmos y de cortes de versos (“recitativo”, “cantabile”, “narrativo”) de acuerdo a las necesidades expresivas del tema, y mientras lo escribía me acordaba y me apoyaba en aquellos principios que enunció Lope en una exposición ante la Academia de Madrid en 1609 (“Arte nuevo de hacer comedias”). En una parte explica cómo cambia de forma métrica de acuerdo a lo que conviene a la acción dramática que se desarrolla. A partir del verso 305 aconseja a los dramaturgos:

Acomode los versos con prudencia
a los sujetos de que va tratando.
Las décimas son buenas para quejas;
el soneto está bien en los que aguardan;
las relaciones piden los romances,
aunque en octavas lucen por extremo.
Son los tercetos para cosas graves,
y para las de amor, las redondillas.

Estro es extraordinario: ¿qué diferencias hay entre sonetos y romances? Es algo que nuestro oído lamentablemente ha perdido. Pero acaso podemos hacer la prueba de recitar: el romance, verso octosílabo, ligero, apto para las partes narrativas y dialogadas; el soneto endecasílabo, más largo, más lento y reflexivo, apto para los monólogos. Lope no era ningún boludo: no se lo había aprendido de los manuales sino que sabía POR EXPERIENCIA que eso funcionaba; tenía detrás 400 comedias escritas que se lo probaban.






LOS CUADERNOS DE L y L Y LA TRADICIÓN. (PARTE 3)

Vamos más atrás en el tiempo. Uno de los poemas extensos más extraordinarios de nuestro idioma es “El libro de buen amor” (entre 1330 y 1340) del Arcipreste de Hita, sólo comparable a nuestro “Martín Fierro” en perfección formal estrófica y en calidad narrativa.
Libro-mundo, que superpone casi sin transición lo alto y lo bajo, lo sagrado y la escena “fiestera”. Mezcla medidas estróficas y ritmos según le convenga: en la base está el viejo tetrásforo monorrimo o cuaderna vía del mester de clerecía: verso alejandrino de 14 sílabas, pero que avanza por las cesuras del medio (7 + 7) Léanlo, suena ta-tá-ta-ta-ta-tá-ta. Es como un ejército en marcha

ENXIENPLO DE LAS RANAS, EN CÓMO DEMANDAVAN REY A DON JÚPITER

Las rranas en un lago cantavan e jugavan,
cosa non las nuzía, bien solteras andavan;
creyeron al diablo, que del mal se pagavan,
pidieron rrey a Júpiter, mucho gelo rogavan.

El Arcipreste, el cura, se pone sentencioso, y después busca joda; se va a las sierras y se encuentra con un campesina terrible. Le corta el paso y le pide cosas a cambio. El cura le pregunta quién es y le responde. “¡La Chata! / Yo só la Chata resia, que a los ome [hombres] ata”. El arcipreste le da cosas, y ella se lo carga a los hombros para pasarlo de lado a lado en un río. Entonces le compone unas coplas (cantigas de serrana) y cambia el ritmo, verso más ligero, octosilábico. Después se encuentra con otra serrana y tiene fiesta.

Cura calentón, goliardo, capaz de componer en el mismo libro unos versos a la Virgen que son etéreos, oración purísima

¡O María!
luz del día
tú me guía
todavía

¡Y después uno debe soportar que le digan que la Edad Media fue una etapa oscura y que la literatura española medieval es un embole!




LOS CUADERNOS DE L y L Y LA TRADICIÓN. (PARTE 4)

Vamos más atrás en el tiempo todavía. Mezclar prosa y verso, ¡como si fuese algo novedoso! Puede parecer novedoso por que no se tiene en cuenta la “Historia Troyana Polimétrica”, traducción española realizada en torno a 1270 del “Roman de Troie” de Benoît de Sainte-Maure. Veamos como ejemplo un fragmento del capítulo XXXIV, sobre la profecía de Casandra:

E Casandra, la fija del rey Príamo, que vio aqueste daño tan grande e aquestos
duelos tan sin guisa, comenzó de profetizar por spíritu santo del
destroimiento de Troya e a castigar los troyanos e a dezirles que se
partiesen de aquella guerra, maltrayéndolos muy fuerte, ca ya estonçe
era suelta de la presión en que la tenían guardada. E por ende dezía
con gran coita e con gran quexo del gran mal que veye que avía de
aconteçer:

Gente perdida,
mal fadada,
cofondida,
desesperada,
gente sin entendemiento,
gente dura,
gente fuerte
sin ventura,
dada a muerte,
gente de confundimiento
………………..

Ya Menéndez Pidal advertía que el anónimo traductor “se esfuerza en adaptar el verso y la estrofa al carácter de cada tema tratado”. Utiliza una forma de “prosimetrum” (porsa y verso de distintas medidas) con lo cual el texto traducido (recreado) parece ser más variado que el original francés de 30.000 versos octosílabos. Pero esto lo digo muy tentativamente.

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